Mostrando entradas con la etiqueta El dislate de Frankfurt. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El dislate de Frankfurt. Mostrar todas las entradas

martes, 23 de septiembre de 2008

Palabra autorizada

"Lo que queremos siempre es que el programa del país invitado presente ante todo su cultura actual. El centro lo tienen que formar los escritores jóvenes", declaró el director de la Feria de Frankfurt, Jürgen Boos.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Apuntes sobre el dislate de Frankfurt (4)

La reacción airada de la mayoría de los escritores ante el dislate es, al mismo tiempo, un síntoma de salud y uno de enfermedad.

Síntoma de salud porque resulta promisorio que, ante la inacción estatal, se genere un reclamo más o menos organizado (por ahora, menos).
Pero es también síntoma de enfermedad porque deja un par de elementos en evidencia.
La Feria de Frankfurt fue percibida -erróneamente- por parte del gobierno como el equivalente alemán a la feria del libro argentina. La Feria de Frankfurt parece ser percibida -erróneamente- por parte de ciertos escritores como un salvavidas. Se percibe, en ciertos discursos, que si los escritores fueran allá se transformarían, de la noche a la mañana, en rutilantes estrellas de la constelación de la literatura internacional. Esto, claro, es poco probable. Es poco probable que autores argentinos de ficción resulten tentadores para mercados chicos -lo cual es la gracia de la Feria: si se desea generar un encuentro con los grandes no hace falta la logística de Frankfurt- por el simple motivo de que tampoco en el mercado local resulta tentador editar autores de países periféricos. Resulta paradójico, pero en épocas de supuesta globalización leemos menos extranjeros -digo, que no sean los de siempre- y los extranjeros nos leen menos -digo, que no sean los de siempre-. No se produjo una apertura del mercado literario, más bien todo lo contrario: en un contexto de empresas multinacionales que dominan el mercado editorial, pareciera trabajarse más que nunca en una economía cerrada donde lo que se produce en el país se consume (poco, muy poco) en el país. 
La lógica de las economías cerradas no es correcta ni incorrecta, tan sólo sencilla: si existe abastecimiento interno, no resulta necesario recurrir a un mercado externo. La cuestión es que las visiones de ciertos implicados en relación a la Feria de Frankfurt como el paraíso traslucen que el mercado interno argentino está muy pero muy mal.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Apuntes sobre el dislate de Frankfurt (3)

El sábado pasado conversaba con una politóloga el tema del escarnio de Frankfurt, y me dijo algo que me descolocó:

-La responsabilidad es de los interesados.
De acuerdo a su planteo, el desconocimiento de los funcionarios para con los temas que les competen es un hecho dado, por lo que las agrupaciones de la sociedad civil tienen que crear proyectos y acercárselos a los funcionarios -que ignoran los problemas- para que éstos los ejecuten. De acuerdo a su planteo, entonces, los interesados -editoriales, escritores, representantes- deberían haberse adelantado y presentar, así, un proyecto alternativo -en verdad, si respetamos un orden lógico de secuencia, un proyecto original- para que el de los funcionarios no naciera ni tuviese lugar.
En ese momento no le di la razón. Jamás doy la razón en el transcurso de una charla. A veces, sí, me quedo pensando.
Pensé entonces en si era plausible que las editoriales se hubieran juntado para conformar un proyecto. Lo mismo me pregunté en relación a los escritores: ¿era posible dejar de lado rencillas, egos y teorías para abocarse a un interés común? El concepto de "interés común" es muy bonito, pero inusual: casi nunca se da algo que promueva a un bienestar general sin perjudicar a alguien. Esta era una de esas pocas ocasiones.
Pensé, decía, en si los actores involucrados hubieran sido capaces de coordinarse y actuar. Tuve que darle la razón a la politóloga: era imposible.
Sin embargo...
El campo cultural está compuesto por personas que, en promedio, tienen un ego superior al resto de los mortales. Es decir: la falta de acción coordinada porque si A se acerca a B cree estar destruyendo su identidad es grande. Es una condición.
Para esa clase de grupos -como para tantos otros- la acción coordinada resulta imposible, desde lo fáctico. Para esa clase de grupos -"hombres lobos del hombre", diría Hobbes- la existencia del Estado/Leviatán resulta imprescindible.
Luego, me permito una pregunta: ¿qué sentido tiene tener funcionarios si éstos no son capaces de elaborar políticas, si todo queda en manos de asociaciones civiles?

jueves, 4 de septiembre de 2008

Apuntes sobre el dislate de Frankfurt (2)

Hay una situación que encuentro recurrente. No es que se da todo el tiempo, pero sí cada tanto.

Estudié sociología, y en la facultad solía hablarse de "lo cultural" como un concepto multivariado, que no respondía sólo a lo que se reconoce tradicionalmente como cultura. Una visión antropológica de la cultura, podría decirse. O, también, la visión de los especialistas. O, mejor aún, la visión de ciertos especialistas.
Por lo general, quienes no son esos especialistas no creen que la cultura sea así. Es decir, por lo general no se cree que todo es cultura. Sería lindo -que lo fuera, y que de ser así se creyese-, pero no sucede.
Cuando en la Ñ me encuentro tapas que responden a estudios antropológicos o sociológicos, lo primero que me pregunto es si el editor enloqueció. ¿A quién le importa? ¿Quién, cuando va a comprar un suplemento/revista cultural espera eso? Y recalco: no me refiero a notas sobre la cultura de quienes hacen la cultura (barrios, medios, etc.), sino a las estrictamente antropológicas o sociológicas.
Resulta obvio que, de existir, una identidad nacional se conforma de elementos que no responden a la cultura en el sentido clásico -es decir, no antropo-sociológico-. Sin entrar en debate, es probable que Maradona, el Che, Evita y Gardel hayan efetuado sus contribuciones a la conformación del ser nacional que compartimos en el presente (es decir, nada que ver con otros más antiguos). Pero, y los peros son fundamentales, la de Frankfurt no es una feria de identidades nacionales. Es decir, los empresarios editoriales no van ahí a ver qué identidad nacional es más linda, más pura, más revolucionaria o incluso más psicobolhe. No. Se trata de un evento cultural en el sentido clásico del término. O sea: si vas para otra cosa, ni te bañes porque es al pedo que asistas.
Salvo Gardel, los otros tres factores identitarios del momento -que habría que poner en duda, claro, pero mejor no desviarse del tema- no aportaron nada a la cultura. Salvo La razón de mi vida o los Diarios de motocicleta o Guerra de guerrillas, no aportaron libros, cuadros, canciones, óperas ni nada. Y dudo que haya editores interesados en La razón de mi vida, salvo que consiga averiguar quién fue el negro literario del manual obligatorio. Y, para el caso, tampoco hay libros de Gardel.

Entonces volvamos a la escena originaria, hipotética.
Ella está sentada. Desde su escritorio ve, tras la ventana, la Plaza de Mayo.
Alguien se acerca, le dice estamos preparando el stand argentino en la feria de Frankfurt.
Ella, sentada, pregunta qué es eso. Es normal: nadie tiene por qué saber todo.
El asesor o la asesora le dice, susurrante, es el evento cultural más importante del mundo.
Ella se lleva el índice al mentón, imitadora ad honorem de la dama de los almuerzos. Medita. Dice:
-¿Cultura? ¿Cultura argentina? Evita, el Che y Gardel... Ah, y seamos un poco más populistas: Maradona también, así lo mandamos y hace conferencias de prensa como en Cannes. Pero traten de que esta vez no se tire en contra nuestra.

Es probable que haya sucedido así.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Apuntes sobre el dislate de Frankfurt

En el 2010, Argentina es el país invitado a la feria del libro de Frankfurt. La categoría de invitado no es casual (año del bicentenario) ni tampoco menor (implica un espacio gratuito que se calcula, si hubiera que pagarlo, en cientos de miles de dólares). 

Argentina eligió, como tema de su puesta en escena (porque eso es el stand correspondiente al país), en primer término el cuarteto Che Guevara-Eva Perón-Carlos Gardel-Diego Maradona. Poco después, alguien se acercó a los organizadores y les dijo (les susurró, probablemente, por esas cosas de la autoridad) "es una feria de libros". Agregaron, entonces, las figuras de Borges y Cortázar. Lo que no aclaró ese ser probablemente susurroso es que la de Frankfurt no es una feria de libros para que los lectores vayan a comprarse novedades (para eso los alemanes deben tener sus Yennys, supongo) sino que en verdad es una feria literaria. Esto es: se trafica literatura (o algo así). Para evitar la polémica de qué es la literatura, digamos entonces: se trafica todo aquello plausible de ser publicado en libro. Y, para fomentar la comercialización de literatura (o "aquello plausible de ser publicado en libro"), se pensó en un primer momento en el cuarteto Guevara-Perón (con E)-Gardel-Maradona y luego en el sexteto mayor, agregando Borges-Cortázar.
Un dislate.
Probablemente el mayor dislate en la historia de la literatura nacional.
Un dislate sobre el que seguiré profundizando.